Sin prestar atención a Demian, Karlene se puso de pie y caminó como en trance hacia el autobús que se detenía. Ignorando los gritos frustrados de Demian, subió al autobús y se puso a llorar sola en el asiento junto a la ventana. Karlene ni siquiera reparó en las miradas curiosas de los demás pasajeros.
Su mente se volvió un caos total al recordar las palabras de Demian y su confesión de amor. El caos aumentaba cuando Karlene pensaba en el amor que Keff sentía por ella. Al recordar la comodidad,