—¿De verdad? —Lily dudó. La medicina era amarga, lo sabía, y no quería beberla.
Pero después de escuchar las palabras de Celeste, la bebió de un solo trago.
Cuando terminó, Celeste dijo:
—Entonces me iré a casa.
Pero Lily la tomó de la muñeca.
—¿Puedes quedarte conmigo esta noche?
De todas formas —pensó—, ya vio mi casa hecha un desastre.
Su voz era tan suave y encantadora que resultaba difícil rechazarla.
Celeste cedió.
—Está bien.
---
A la mañana siguiente, Lily se levantó