De esta manera, los usuarios enfurecidos boicotearían la marca, tomando a Celeste por sorpresa.
—Nada más. Te hablo luego, adiós —escribió Hanna.
—De acuerdo —respondió él.
Hanna dejó el teléfono a un lado y volvió a disfrutar su café con satisfacción.
Se quedaron en la terraza de la cafetería incluso para almorzar, todo con tal de ver cómo terminaba el día para las tiendas de Celeste.
Por la tarde, Vivien llegó acompañada de Susan y Nadia. Habían venido a burlarse abiertamente de Celeste despu