—Frank, ¿esos de ahí somos tú y yo?
—¡Exacto! Celeste, eres un encanto. Gracias, me gusta muchísimo —dijo Frank, enrollando la pintura con entusiasmo—. La apreciaré con cuidado cuando regrese.
Brant, un poco molesto, preguntó:
—Celeste, ¿y mi regalo? ¡Debes ser justa!
—¿Sabes cuál es la diferencia entre Celeste y yo? —intervino Frank con ostentación—. Somos amigos cercanos. Tú y yo no somos lo mismo.
Brant se arremangó, molesto.
—¿Qué diferencia? Frank, ¿quieres robarme a alguien otra vez?
Desd