Siguiendo sus órdenes, varios empleados los expulsaron sin miramientos.
Era completamente culpa de esa maldita mujer que hubieran provocado al Sr. Green. El líder estaba furioso, y aprovechó cualquier excusa para echarlos.
Afuera, con el sol cegador y el calor abrasador, Nadia recuperó la cordura poco a poco.
Caleb tocó las heridas de su rostro, lleno de rabia.
—¿¡Qué te pasa ahora!?
Nadia, que un segundo antes lamentaba sus acciones, volvió a estallar al escuchar cómo Caleb la regaña