Justo cuando Celeste iba a responderle, Jason sacó a Bruce del coche de forma brusca.
—¡Deja de hacerte el lindo! —espetó Jason.
En su voz había una clara e intensa sensación de disgusto.
Sin embargo, Jason encontró un asiento en la parte trasera y dijo:
—¿Podemos correr otras dos rondas, Celeste?
—Por cierto, ¿puedes enseñarme a conducir como tú?
Ahora Jason sonaba como un niño pidiendo dulces. Al ver lo que decía y hacía, Bruce confirmó que había estado admirando al ídolo equivocado.
¿