Solo quedaba la mujer que había jurado cobrar venganza por mi pasada muerte.
Me encontré observando a un hombre frente a mí. Su presencia era magnética, con una figura imponente y rasgos definidos que demandaban atención. Sus ojos desprendían un fuego salvaje, y su mirada intensa parecía capaz de escudriñar hasta el último secreto.
No se parecía en nada al hombre que vivía en mis recuerdos.
Nos observamos mutuamente en silencio, cada uno evaluando al otro. Sus ojos, de un azul profundo como el o