Capítulo 17. No quería hacerle daño.
ALEXANDER
Isabella se había quedado dormida en mis brazos rápidamente después del sexo, yo simplemente no podía dormir y solo me quede observándola mientras ella lo hacía.
Ella lucia como un jodido ángel, con su piel de porcelana, sus mejillas aun ruborizadas, su hermosa cabellera dorada esparcida por la almohada, era demasiado hermosa y en este momento lucia tan vulnerable y yo era el bastardo más grande con el que se pudo topar, porque aunque no quería hacerle daño, joder no quería que nadie