—¡N-No, claro que no! —tartamudeó Gabriel.
Nunca lo había oído hablar así. Patético.
—Y-Yo solo quería llevarla hasta la escena del crimen. ¡Pensé que, si veía el fuego, entraría en pánico y se entregaría!
—Pero se puso de parto prematuramente —respondí—. Y la única persona que estaba allí era Sophia, a quien tú enviaste. Ella me dijo que le ordenaste estar allí a esa hora. ¿Es verdad?
—Sí.
Gabriel volvió a bajar la cabeza.
—Para entonces ya llevaba un tiempo trabajando con Sophia. Le dije que e