Perspectiva de Ella
La luz de la tarde se filtraba por los ventanales del solárium mientras Anya y yo permanecíamos sentadas entre montones de cartulinas, cintas doradas y materiales de caligrafía. Habíamos empezado a preparar las invitaciones de boda; Anya había insistido en hacerlas ella misma, tanto para ahorrar dinero como para darles un toque más personal.
La boda estaba programada para dentro de un mes.
Un mes.
Solo pensarlo me hacía sentir como si tuviera una cuenta regresiva frente a mí,