Perspectiva de Alexander
El territorio de la manada en cuestión se encontraba a unas tres horas en coche hacia el norte, atravesando carreteras de montaña llenas de curvas que hacían que el trayecto avanzara mucho más lento.
El Alfa de aquella manada, un hombre mayor llamado Kieran, me recibió en la residencia principal con una expresión tan severa que parecía capaz de congelar el infierno.
—Alexander —dijo, sin molestarse en los saludos habituales—. No esperaba que vinieras personalmente.
—Cuan