MÍA
—Quiero que me des un hijo.
Las palabras de Basil hacen que me de escalofríos, me congelo mientras proceso lo que me acaba de decir, al tiempo que sus ojos se anclan en los míos como arma filosa a punto de tajarme el cuello. Por un segundo pienso que tal vez he escuchado mal, esto no era parte del trato, no puede ser cierto.
—¿Acaso te has quedado sin habla? —pregunta con ironía mientras esboza una sonrisa de media luna que no hace más que ponerme más nerviosa de lo que ya estoy.
—Eso… e