Isabella había estado entrenando a las tropas hasta altas horas de la noche antes de regresar, pero allí se encontró con Desislava bloqueando su camino en la puerta.
Las llamas de la hoguera proyectaban sombras en el rostro enfadado y desdeñoso de Desislava.
—Al menos deberías fingir un poco mejor, ¿no? Has arruinado por completo el prestigio de los Díaz Vivar.
Isabella levantó la mirada, su tono era de rabia.
—¿Y qué tiene que ver el prestigio de mi familia contigo?
Desislava la reprendió con v