—No es de extrañar que entonces supieras que los hombres del reino de la Capital Occidental se hacían pasar por gente de los Pastizales en el campo de batalla, y que cabalgaras sola miles de kilómetros hasta los Llanos Fronterizos del Sur para informarme.
Rey Benito se sentó a su lado, su figura imponente como un muro de contención.
—Cuando te sientas más tranquila, cuéntamelo todo. —dijo.
—¿Qué quiere saber el comandante? —preguntó Isabella, visiblemente más serena.
—Todo. —contestó Benito, con