Isabella escuchó sus palabras llenas de sorna y, en lugar de molestarse, esbozó una ligera sonrisa.
—Son asuntos triviales, nada digno de ser mencionados. —respondió con calma.
El General Herrera también allí presente, desconcertado, exclamó:
—¿Divorciarse? ¿Por qué razón?
—Después de la victoria en Villa Desamparada, Su Majestad me otorgó como concubina del General Vogel. La señorita Isabella no pudo soportarlo y pidió la autorización imperial para el divorcio. —explicó Desislava.
Sus palabras