Madre e hija no pudieron ocultar su incomodidad.
La gran Princesa, quien siempre había presumido de su supuesto gusto por las obras de arte, una vez estuvo a punto de obtener una pintura del maestro, pero esta fue destruida, lo que provocó que fuera objeto de burlas. Desde entonces, guardaba cierto resentimiento hacia él.
Después de todo, aunque fingía amar el arte, ni siquiera era capaz de apreciar el talento de un verdadero artista.
Manuela, llena de vergüenza, se escondió en un rincón, incapa