Eduardo no acomodó a Raulito en su antigua habitación. Aunque todo había sido renovado, temía que le trajera de nuevo a la mente esos recuerdos tan dolorosos. Por eso, decidió que él y Isabella se mudaran a las habitaciones junto al jardín. Al fin y al cabo, el lugar era lo suficientemente amplio como para que ambos vivieran cómodamente.
Eduardo pensó que, después de todo lo que había pasado, Raulito necesitaba que Isabella estuviera a su lado.
Raulito, aún sin cumplir formalmente los siete años