La Marquesa le respondió. —Tiene usted razón. Si los hechos fueron así, ese día, aunque su madre tocaba el brazalete con cierta tristeza, al final, tras mi insistencia, me lo dio. Ellos le devolvieron lo que habia pagado, y el asunto se resolvió de manera adecuada.
Isabella escuchó sus palabras y supo que había más que contar, así que guardó silencio, esperando que continuara.
El rostro de la Marquesa mostró un poco de arrepentimiento.
— Después de llevarme el brazalete a casa, me di cuenta de q