Por otro lado, Mitral y Ordos seguían sin entrar en la batalla, contemplando desde las alturas aquella guerra brutal.
—Los cadáveres cubrían la ciudad. Allá donde se posaba la mirada, sólo se veían soldados sacrificados; la sangre casi había teñido toda la ciudad de rojo.
La mayoría de los muertos eran soldados del reino del oriente y de los Pastizales. La guerra de sitio no era más que una lucha de pura fuerza bruta y valentía, sin lugar para tácticas elaboradas.
Mitral sabía que tarde o tempra