La anciana empeoró aún más y, la casa estuvo alborotada toda la noche. Al final, trajeron a un médico real que logró estabilizar su condición de manera temporal. El médico real le dijo a Theobald.
—Yo he tratado a la señora Rosario antes, pero mi habilidad médica es limitada. El mejor médico para tratar este tipo de enfermedades cardíacas en la capital es el doctor Dagel. Sus píldoras son el verdadero medicamento salvavidas para la anciana.
—Comprendo.
—La razón por la que puedo controlar su enf