Episodio 2: Sospecha

KELLEN

Un fuerte dolor estalla en mi cabeza, abro los ojos y no reconozco mi entorno, miro a mi alrededor e intento incorporarme, mi ropa está arrugada, mi traje Armani hecho un desastre, sin embargo, hay algo que me llama la atención, al descender la mirada, aun con el fuerte dolor de cabeza y el aliento a alcohol, diviso algo rojo en las sábanas. 

Las remuevo al instante dándome cuenta de que se trata de sangre, y no cualquiera, es… maldición, no puede estar pasando esto, miro a mi alrededor, no hay indicio de que una mujer vaya a salir del baño desnuda, me pongo de pie y reviso la habitación, encontrando sobre la encimera una carta de presentación del hotel, es el más cercano a la empresa, lo he visto un par de veces de paso cuando voy a mi casa. 

Hago memoria, salí temprano de la oficina porque tenía una cita con mi abogado, el caso que estoy llevando acerca de la empresa, sobre las acciones que tomaré en contra de mi contador, hace una semana descubrí un déficit en una de las bolsas de valores, y todo indica a que fue él, tengo las pruebas suficientes, así como sé que una de las secretarias de recursos humanos, lo ayudó. 

Luego de eso se marchó, pedí un trago para beber rápido en el club en el que quedamos y luego de eso todo es confuso, solo tengo claro que comencé a sentirme mareado, mal, luego nada, todo es como una hoja en blanco. Está claro que alguien me drogó para esto, debió de ser una mujer que solo busca mi dinero, mi fama, mi fortuna. 

Estoy a nada de irme, cuando notó que en una de las esquinas de la cama, hay un dije, es una especie de gota de diamante pequeño. Lo tomo y lo alzo en uno de mis bolsillos.

—Joder —bramo. 

Me visto y rápido busco al gerente del hotel, quien al verme parece confundido. 

—Buenos días, señor… 

—Quiero las grabaciones de la noche —demando—. Rápido. 

El hombre se me queda viendo como si me hubiese salido dos cabezas, procesa cada una de mis palabras hasta que niega con la cabeza. 

—Lo siento, señor… —espera a que le diga mi nombre. 

—Farrel —respondo de mala gana—. Kellen Farrel. 

El tipo que no debe ser mayor que yo, se me queda viendo con el ceño fruncido. Cierra la laptop en la que estaba tecleando algo y chasquea la lengua. 

—Lo siento —habla en un tono lleno con más seguridad que antes—. Señor Farrel, pero como le decía, no puedo hacer eso, son políticas del hotel, además… 

—¡¿Qué clase de hotel es este?! Estoy exigiendo que se me muestre las grabaciones de la noche, habitación 201, ¿acaso no sabe quién soy? 

—En mi opinión, un huésped más, como le decía, no puedo, y aunque pudiera hacerlo, me temo que no serviría de nada, la seguridad nos ha estado fallando, por lo que las cámaras de ese piso no sirven, los técnicos llegarán en la semana. 

Rodea el campo de recepción y se me queda viendo de pies a cabeza. 

—No puedo ayudarlo. 

—Usted vio con quién llegué, de no ser así, debió haber una recepcionista que se diera cuenta, exijo saberlo —doy un golpe sobre la encimera. 

El hombre no titubea, no cabe duda que no sabe con quién está tratando, tengo que resolver esto, antes de que sea demasiado tarde, seguro la persona que me trajo, planeó vender incluso las imágenes o el video si es que grabó, de todo lo que pasó por la noche. Maldición, eso puede llevar a la quiebra a mi familia y a mi empresa. 

—Lo siento, señor, pero aquí trabajan tres empleadas en recepción, en el turno de la noche debió haber estado una de ellas, pero no hay registro de su llegada, así que me es imposible sabelo, y si no tiene una orden judicial, no puedo darle la información de mis empleadas —finaliza. 

Tenso el cuerpo, no tiene caso alguno que siga hablando con una persona como esta, pido un taxi y mientras me dirijo a mi oficina, le llamo a Rhys. Le explico lo que ha pasado en menos de cinco minutos, los mismos que llevo tarde para llegar a la oficina.

—No puedo creer que hayas caído en un juego tan viejo —replica al otro lado de la línea. 

—Necesito que me consigas una orden para poder investigar a fondo la seguridad del hotel, así como a sus empleados, pero trata de no llamar la atención, mientras esa mujer, sea quien sea no aparezca, no quiero más escándalos que se relacionen con la empresa —explico bajando del auto luego de pagar. 

—No te preocupes, llegaré al fondo de todo esto. 

—No quiero un hijo, estoy seguro de que la mujer que hizo esto, es lo que busca. 

—Entendido. 

Colgamos y no me siento más seguro, llevo la misma ropa del día anterior, no he probado alimento y tengo una jaqueca endemoniada, mientras subo al elevador, le mando un mensaje a Ava, mi asistente, para que me tenga listo un café cargado, no me preocupa la ropa, tengo un clóset especial dentro de mi oficina, en donde suelo tener uno o dos trajes más, por cualquier cosa, y esta es una de esas ocasiones. 

Las puertas del ascensor se abren y enseguida veo a Ava sonriente, hablando con el chico del correo, enfurezco, camino hacia ellos con pies de plomo, en cuanto siente mi presencia su vista se nubla, baja la mirada como suele hacer, pero noto que hay un ligero temblor en su cuerpo. 

—Buenos días, señor Farrel… —me saluda. 

—A mi oficina, ahora. 

No quiero ser un tirano con ella, de todas las mujeres que habían pasado por este puesto en el pasado, es la única que nunca ha intentado bajarse las bragas delante de mí. Pero hay algo en ella que me irrita y aún no averigua qué es. 

—Te he mandado un mensaje —espeto en cuanto ella cierra la puerta a sus espaldas. 

Rápido observa su teléfono móvil y abre los ojos con sorpresa. 

—Lo siento, señor, estaba… 

—Coqueteando con el cartero —severo. 

—No, yo… 

—Trae el café, y me parece que no tengo que recordarte que las relaciones personales entre mis empleados no me importa, pero en horas de trabajo, yo soy el único hombre que debe importarte, ¿entendido? —exclamo. 

Sus mejillas se tiñen de un color rojo escandaloso. Pero toda esa reacción se esfuma, cuando sus ojos se posan en el collar que he puesto sobre mi escritorio, palidece, su barbilla tiembla, actúa muy extraño, rápido se da cuenta de que la observo y aparta la mirada de mí. 

—Puedes irte. 

Ava asiente sin tratar de hacer más contacto visual conmigo del necesario, y estando a solas observo el dije que dejo aquella mujer. 

—¿Quién eres? —pregunto en tono bajo. 

De algo estoy seguro, cuando encuentre a esa mujer, la voy a destruir, no importa quién sea, ella va a pagar por lo que hizo. 

—Te voy a encontrar, seas quien seas. 

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