XXVII

PUNTO DE VISTA DE HELENA

Al día siguiente me levanté más temprano que de costumbre y fui a casa de Anya. La postal lucía totalmente blanca debido a la nevada que se mantuvo durante toda la noche. Anya salió despreocupada, a tiempo para ir al gran comedor a desayunar. Llevaba audífonos puestos, con música en su móvil; cerró la puerta y al voltear, me vió y se sorprendió.

- Helena

- ¿Cómo estás, Anya? Quería hablar contigo…

- Helena, yo… de verdad lo siento… perdón…

- Anya, está bien… ¿Sin renco
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