PUNTO DE VISTA DE HELENA
Al día siguiente me levanté más temprano que de costumbre y fui a casa de Anya. La postal lucía totalmente blanca debido a la nevada que se mantuvo durante toda la noche. Anya salió despreocupada, a tiempo para ir al gran comedor a desayunar. Llevaba audífonos puestos, con música en su móvil; cerró la puerta y al voltear, me vió y se sorprendió.
- Helena
- ¿Cómo estás, Anya? Quería hablar contigo…
- Helena, yo… de verdad lo siento… perdón…
- Anya, está bien… ¿Sin renco