El frío corazón de Adina comenzó a derretirse.
Agarró la mano gordita de Harold y le dijo suavemente: "Tú también me agradas mucho".
Los ojos de Harold se iluminaron, como si una galaxia brillara en sus ojos.
Adina no pudo soportar más la visión, o no podría contenerse para no volver a llorar.
Abrió el álbum, sonrió suavemente y dijo: "Harold, cuéntame algunas cosas interesantes de la época en que tú y George eran aún más pequeños".
Harold se apoyó en las rodillas de Adina y apoyó la barbil