Harold se asomó y su rostro se tornó pálido al instante por la sorpresa.
Se lanzó de inmediato a los brazos de Adina y dijo nerviosamente: "¡Tía Adina, mi papá está aquí! ¡Ha venido a recogerme!".
Adina levantó la muñeca y miró la hora. Faltaban diez minutos para las 8:30 p.m. ¿Por qué había llegado este hombre tan pronto para llevarse a Harold?
Mientras pensaba en ello, sonó el timbre de la villa.
Adina se levantó y fue a abrir la puerta.
La temperatura de la noche a finales de otoño era m