El eco distante de los camiones militares que patrullaban los perímetros del patio trasero apenas lograba disipar la densidad asfixiante que se había apoderado por completo del corredor exterior del ala norte. Yo me encontraba de pie a escasos metros de la entrada de sándalo, con la espalda rígidamente recta y las manos cruzadas con fijeza detrás de la cintura, dictando órdenes directas e inapelables al general Malik y a los cuatro jefes de la guardia real que se habían alineado firmes contra l