CAPÍTULO 27: UNA OLLA DE PRESIÓN A PUNTO DE REVENTAR
Abro la puerta principal y corro hasta afuera, hasta que me doy cuenta de que no tengo a dónde ir en realidad, ni siquiera tengo transporte. Las lágrimas se derraman por mis mejillas y aunque intento contenerlas, no soy capaz.
—¡Quinn!
No espero escuchar la voz de Bárbara detrás de mí. De todas las personas posibles, ella es quien menos quisiera que me ayudase ahora.
—¡Quinn! No te vayas, por favor —me pide.
Pongo distancia entre las dos. Sie