Sofía, a pesar de ser una chica, tenía la valentía de un chico. Aunque estaba aterrada, me tomó de la mano, jurando enfrentar juntas cualquier peligro. Me sentí profundamente conmovida y prometí en secreto que, si salíamos de esta, seríamos amigas inseparables para toda la vida, dispuestas a atravesar fuego y agua la una por la otra.
—Oye, ¿qué te crees, Sofía? Aléjate, estoy buscando a Luna.
Dijo él, agitando su mano con impaciencia. Era un tipo alto, no tanto como el mayor, pero definitivamen