—No te preocupes. Él es un adulto y sabe lo que debe y no debe hacer.
Luna oraba con las manos juntas sobre el corazón.
La tía encargada del apartamento estaba de buen humor al ver que la maleta de Luna no era pequeña, de hecho, accedió a permitir que Martín acompañara a Luna arriba. El apartamento de Luna estaba en el tercer piso y la puerta estaba abierta. Era obvio que Lola había regresado primero.
—Lola... has llegado...
Gritó Luna al acercarse a la puerta, pero se detuvo antes de poder con