—No lo creo, debes mentirme, él no puede hacer tanto por ti, imposible, me mientes, todos me mienten. —Sergio se tambaleó como si se hubiera derrumbado, su delgado cuerpo temblaba con el viento, como si fuera a caer en cualquier momento.
No quería creerlo, pero a sus ojos, estaban llenos de profundo dolor.
Había tanto dolor que no se podía pretender serlo.
De repente quise creer que realmente le gustaba.
Era una lástima que su querer hubiera llegado demasiado tarde, realmente demasiado tarde