Para declarar de antemano, de ninguna manera era un pervertida, simplemente quería entender la magia de los abdominales de los hombres, tanto que había de mencionarlos en todas las novelas románticas, y yo mismo no tenía pensamientos impuros sobre Martín.
— ¿Qué estás mirando? — Martín nadó hacia mí y me preguntó.
—Martín, incluso tienes músculos abdominales, ¿puedo tocarlos?— Bajé la voz y lo agarré del brazo para bajarlo un poco, y le susurré al oído.
Las puntas de las orejas de Martín rápi