ANASTASIA
No dejo de observar la ventana de la cafetería a la que me trajo Daniel, no solo es casi medianoche, sino, que para terminar con mi mala suerte, está lloviendo, la idea de venir a este sitio fue solo mía, ya que ir a otro lugar con más lujo, implicaría el que me pudiera ver algún paparazzi, y lo que menos necesito en estos momentos es uno que me esté jodiendo justo cuando me han roto el corazón.
Las manos las siento frías, y de soslayo me doy cuenta de que Daniel termina de pagar por