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ADRIAN narrando
El viaje fue largo — casi 24 horas entre esperas, vuelos y escalas. Pero cuando llegamos, valió cada minuto.
El agua era tan azul que parecía de Photoshop. La arena era blanca, fina, fría en los pies. El bungalow estaba sobre el mar, con suelo de vidrio para ver los peces nadando.
— Esto es un sueño — dijo Elena, abriendo la puerta de la terraza.
— Es real.
— ¿Puedes pellizcarme el brazo?
Lo hice.
— ¡Ay! Duele.
— Entonces es real.
Me empujó, riendo.
Los primeros días, no hic