Elena narrando
El anillo aún brillaba en mi dedo cuando regresamos al coche. No paraba de mirarlo — la piedra azul, los pequeños diamantes alrededor, la luz de la luna reflejándose en la superficie pulida. Parecía un pedazo del cielo que Adrián había guardado solo para mí.
— Si sigues mirando así, voy a chocar el coche — dijo él, riendo.
— No puedo parar. Es tan hermoso...
— Tú eres más hermosa.
Puse los ojos en blanco, pero sonreí igual de tonta. La brisa del mar entraba por la ventana abierta