Me desperté antes de que sonara el despertador.
Por un momento, me quedé quieta, mirando al techo, escuchando el silencio desconocido de la casa al amanecer. Entonces lo comprendí: hoy era el día. La obra de teatro del colegio. La obra de Alice.
Sentí una opresión en el pecho, no de ansiedad esta vez, sino de algo cálido y casi frágil. Esperanza.
Salí de la cama sin hacer ruido y me dirigí a la habitación de Alice. Su puerta ya estaba entreabierta y la luz se derramaba por el pasillo. Dentro, e