Había pasado años dominando la autocontrol.
Era una disciplina, como cualquier otra cosa: aprendida, agudizada, perfeccionada por la necesidad. El control no era solo una preferencia para mí; era supervivencia. Era orden forjado en el caos. Era la única razón por la que todo en mi vida funcionaba.
Y Lily lo había atravesado.
Me quedé en el pasillo mucho después de que Alice se marchara, con el eco de su risa aún alojado tras mis costillas como una astilla. El moretón en su rodilla se repetía en