Cuando estoy cazando para comer, soy sigilosa y silenciosa como una sombra que pasa inadvertida por nuestro lado. Me deslicé hacia el conejo, con el paso calculado para no fallar en el primer intento, y no querer hacer el más mínimo ruido y que luego el conejo asustado terminara por escapar de mis brazos.
Aren me observa con interés, permaneciendo intacto ante mi solicitud de mantenerse quieto y en completo silencio. El conejo, que se encuentra ajeno a mi presencia, continúa husmeando entre lo