Nathan se arregla el traje, se remueve nervioso, como si aquel traje le molestara o le apretara, pero en realidad sólo es la ansiedad de ver entrar a su mujer de nuevo por aquella iglesia.
Esta vez, aquella cantidad de invitados de la primera vez sólo están reservados para la fiesta, porque en la ceremonia de la iglesia sólo estarán los más importantes para ellos. Hank otra vez está parado allí, el abuelo sonríe abajo sentado en su silla de ruedas y Verónica espera a su hija con una sonrisa ra