Mía observa el lugar, mira a todos lados, sin poder creer lo que sus ojitos ámbar ven.
Nathan se acerca a ella con esa sonrisa cautivadora, va con un traje negro de tres piezas que le queda, ay madre mía… Mía trata de pasar saliva, pero simplemente no puede, porque la boca se le ha secado de repente.
—Nathan… ¿qué haces aquí? Mi madre… no hay nadie más…
—No, por hoy sólo nos atenderán a nosotros, lo de tu madre era una pequeña mentira para que quisieras salir —la toma de las manos, pero no p