ARIA
Elisa me llevó de vuelta a la habitación sin decir una palabra.
El pasillo se sentía más largo y más frío que antes. Cada paso se sentía pesado, como si estuviera caminando a través del agua. Era hiperconsciente de cada sonido, de cada sombra. Sostenía a mi bebé tan cerca de mi pecho que podía sentir su rápido latido contra el mío. Mis brazos lo rodeaban tan fuertemente que mis músculos dolían, pero no aflojé el agarre. Seguía besando la parte superior de su cabeza, sus suaves mejillas, su