Ciento diez

Diana no se fue a casa en silencio. Su chófer sabía mejor que hablar mientras ella se sentaba en la parte trasera del coche, con el cuerpo rígido y los ojos fijos en la nada. Las luces de la ciudad pasaban borrosas. Ella no veía nada de eso. Todo lo que veía era el rostro de Aria. La mano de Aria conectando con su mejilla. Aria de pie en el centro de aquel salón, recibiendo un nombre que se suponía debía ser el derecho de nacimiento de Diana.

El coche entró en el camino de entrada vigilado de s
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