Eiza.
Me encontraba frente al espejo, ajustándome el espectacular traje que me habían preparado para la sesión. Era un vestido elegante, con una gran flor en la parte frontal, abierto de manera sutil en la cintura, resaltando mis curvas. Mientras la diseñadora tomaba mis medidas, otra mujer me aplicaba un maquillaje impecable.
En ese momento, entró Savanna, y sin pensarlo dos veces, me tomó una foto.
—Te ves espectacular —dijo sonriendo—. Vas a brillar como nunca.
—Muchas gracias, señora —