Eiza.
La pasarela había sido un éxito rotundo. La adrenalina aún corría por mis venas, y una sonrisa se dibujaba en mi rostro mientras veía a Emir observar satisfecho el resultado de nuestro arduo trabajo. Me sentía increíblemente emocionada y llena de confianza. Las luces de los reporteros y las cámaras de los periodistas me envolvían en un torbellino de preguntas. Me saludaban y felicitaban, y yo respondía con una mezcla de humildad y orgullo.
Después de la última entrevista, decidí dar un pa