Eiza.
—Señorita Eiza, reaccione—Escuche la voz lejana de la señora Melivia. El dolor punzante en el vientre parecía no ceder. La cabeza me iba a estallar, y cuando abrí los ojos lentamente, me di cuenta de que alguien estaba palmeando mi rostro.
—Te llevare al hospital, estas muy pálida. —Niego rápidamente, por ahora no necesito a nadie a mi lado mas que largarme de este lugar. Sujete mi vientre sintiendo un horrible dolor que ni siquiera me dejaba pensar con claridad.
—Señor Emir, no es nece