Dudas.
ESMERALDA
El sonido constante de los motores del jet privado resonaba en mis oídos mientras miraba el rostro pálido de mi hijo, sumido en un sueño del que rogaba que despertara pronto. Su mano, fría y sin fuerza, reposaba en la mía, mientras mis pensamientos oscilaban entre el miedo y la esperanza. —¿Habré hecho bien en sacarlo del país?— Era la pregunta que no dejaba de repetirse en mi mente.
Pablo, decidió acompañarnos, me observaba con preocupación. Apenas había probado bocado desde que subi