Eiza
Estaba enojada, a punto de demandar a ese hombre ¿cómo era posible que Kadir me hubiera encontrado en el salón de la pasarela? Apretaba los puños con indignación, sentía la rabia hervir en mi interior. Por otro lado, estaba Emir. Quería una explicación de su parte, pero me hacía la dura, como si no me importara nada de lo que él pudiera decirme.
Era lo mejor, o al menos eso me repetía a mí misma. De esa manera, podía protegerme de cualquier sentimiento fracasado. No pienso caer en el juego