Eiza
Estaba tan preocupada a punto de volverme loca, le pregunté a la enfermera cómo se encontraba mi hijo. Ella me aseguró que solo se había dado una indigestión y que no debía preocuparme, ya que estaban canalizándolo y dejándolo descansar para recuperarse. Me acerqué a la señora Carmela, y su nerviosismo era evidente.
—¿Qué pasó? —le pregunté.
—No sé, creo que fue la leche, señora, pero no me fijé —dijo, visiblemente agitada—. Discúlpame, no sé qué ocurrió.
—Mira, Carmela, yo sé que no tuvi