Amenazas.
Eiza.
El aire de la mañana estaba fresco, pero sentía un peso en mi pecho que no me dejaba disfrutar del día. Mamá estaba en recuperación, y aunque todo parecía estar bajo control, no podía quitarme la inquietud de encima. Los días desde que Kadir desapareció habían sido una tortura. Las autoridades seguían buscándolo, pero era como si la tierra se lo hubiera tragado. Sus padres, claro, se lavaron las manos, como siempre lo han hecho. Según ellos, no tenían idea de lo que andaba haciendo su hij