Tras la confesión de la abuela incluso Franka había quedado sorprendida, ahora ni ella sabía toda la verdad ni lo que ocurría.
—¿Qué, de qué hablas mamá?— insistió molesta.
—Hija mía, tú siempre renegaste de nuestra naturaleza y te alejaste de nuestras costumbres mágicas, si te lo decía no me entenderías— intentaba calmar a su hija.
—Pero madre el destino no lo eliges tú y que Lizbeth naciera sin poderes no significa nada, ella es así porque su padre es humano— reclamaba Franka.
—Cuando nues