205. Pequeños placeres
El atardecer tiñe el cielo de Chicago de tonos anaranjados y rosados cuando Ethan estaciona en el garaje de nuestro edificio.
Mi cuerpo está agradablemente cansado después de un día de actividades que, hace apenas un mes, habrían sido imposibles.
Un paseo por el parque, un almuerzo largo en mi restaurante favorito, incluso una breve visita a una exposición de arte.
Pequeños placeres que ahora significan muchísimo más.
—Gracias por este día —digo cuando él abre la puerta del coche para mí—. Fue