Suaves círculos son dibujados en mi piel con lentitud, subiendo y bajando con calma por el lateral de mi cuerpo, al tiempo en que siento la cálida respiración del pelinegro en mi cuello. Han pasado varios minutos desde que nos acomodamos aquí, y la verdad sea dicha, es que estamos literalmente perdiendo el tiempo, sin embargo, la cruda realidad es que, en éste momento, eso no me interesa en lo más mínimo.
Estoy segura de que jamás lo admitiré en voz alta a nadie, ni siquiera a J.J., mas ahora